sábado, 10 de febrero de 2007

Noche de febrero. (1965)

Para empezar, una mesa, el mantel, dos copas, una botella. Usted y yo. Usted del otro lado de la mesa, como en la tribuna de en frente. Todo me recuerda, ¿sabe?, todo me recuerda a la primera vez que sandalia sandalia zapato, una noche de verano tan cálida que usted comentó: qué linda noche de verano. Entonces caminamos, sandalia zapato sandalia, la tímidez de tomarle la mano e invitarla a bailar en medio de la calle esa música que sólo nosotros parecíamos escuchar.
Usted quizá pregunte si lo que sucede como recuerdo es sólo una versión tardía de los hechos que ya no podemos ir a buscar. Desmiento su duda de sandalia con certeza de zapato. Ir a buscar la noche de ayer, que fue hace siete años, es tan real como la gota baja por el tallo cristalino de su copa, como las pestañas que usted estremece cuando se inclina hacia adelante. Como esta linda noche de verano.
Parece imposible: usted y yo vivir la misma noche como fragancia inapelable.
Bienvenida, cálida noche de albahaca.

viernes, 9 de febrero de 2007

Éramos tan jóvenes

En la sartén del fondo, que también usamos para darno golpes en la cabeza, solíamos cocinar antológicos omelettes.







Si alguien sabe cómo se escribe omelettes, avise.

Sandalias (1970)

Para empezar, seis sandalias, una por cada paso hasta el timbre y la mirada del colectivero, posiblemente Juan Carlos o Rubén; treinta sandalias, la esquina de Pringles, dos sandalias y los cigarrillos, el encendedor, la sonrisa del kiosquero. Cuarenta sandalias: suena el timbre y yo me levanto, no te esperaba, ocho pantuflas (¿en verano? mejor ojotas), la cerradura o antes el portero eléctrico y tu voz que llegó un poco distorsionada, soy yo, abrí; y antes es ayer a la noche y tu cara en penumbras, el silencio y después tu espalda que se aleja. Abrí. Abro. Ahí estás, ninguna sandalia, estás inmóvil y ya sé todo. Tus mejores palabras son con el cuerpo. Esta vez, con los pies. Vení, pasá, nueve sandalias, silla, cinco pantuflas, ¿café?, no, gracias. Silencio y ojos, silencio, tu cara de perfil. Habláme. Pero preferís no decir nada, elegís callar, mirar el helecho que cuelga en el balcón, y yo me siento un geranio, tan geranio mientras vos hacés silencio y sandalia, dos sandalias, me voy, ocho sandalias y estás en la puerta, abro, abrí, y así te miré irte, ocho, diez, veinte. Mil sandalias y yo geranio geranio geranio.

jueves, 8 de febrero de 2007

Apuntes de los setenta.

Sí, además de levantarnos minas, participábamos de alguna que otra organzación, tratando en lo posible de no hacer demasiado ruido. Justo recuerdo que una vez, en el mismo verano caluroso, el azar reunió a Rómulo, Atilio y a mí. Caminábamos por Florida, como todos los hombres, para disfrutar del coreográfico vaivén que produce el apuro en las mujeres pulposas. Estábamos en silencio.

Pero pasó una mujer de esas que intimidan. Seis porteros, cuatro diarieros, once empleados de banco, catorce ingenieros, un periodista, dieciseis motoqueros a pie y nosotros tres, giramos para verla irse. Nadie se animó a hablar, salvo nosotros. Antes de que se perdiera de vista,

Álvarez Gómez: "Siento arrebato."

Atilio Fuentes: "Me hidratas."

Rómulo Ornamenti: "¿Caga usted bombones?"

Más apuntes sobre Atilio Fuentes

Para levantarse una mina, el mismo verano de calor, mirándole los ojos enormes y verde, Atilio dijo: "me hidrata verte."

Cuando llegó a su casa, corrigió apenas el verso: "me hidratas".

Oniria

Como la mayoría de los poetas de Tigre, Atilio Fuentes es un soñador. De los que sueñan cuando duermen. Cuenta Atilio que un verano de mucho calor soñó toda la noche con dormir en una heladera, sobre cientos de sachets de leche. Como Atilio es un relizador, comprometido con sus ideales, al levantarse caminó dos cuadras hasta el supermercado. Buscó lós lácteos, dejó sus ojotas a un costado, y reanudó su descanso sobre cientos, cientos de sachets de leche.

Opiniones (II)

En cierto momento de la década del setenta, Atilio, Rómulo y yo solíamos entretenernos con el siguiente juego. Provistos de una serie de elementos, cada uno debía construir un breve relato. Los resultados no fueron sorprendentes. Por ejemplo:

Elementos: Hilo, tintura, higos, tela, arboles, agua.

Atilio escribió:

"Esbelta mujer
envuelta en tela
que cubre como cáscara de higo,
su noble figura de hilo"
Álvarez Gómez (yo), puso:
"Qué lindo amanecerte, lenta mañana. ¿Recorrería usted conmigo la tímida arboleda? ¿Podremos repasar los contornos de su lago, que cubre el agua de abajo con la azulada tela vibrante?"
Y Ornamenti:
"Llamamos tanga a una cualidad, y no al pedazo de tela que decora los culos y alborota admiradores. Usar tanga es ante todo la expresión de un profundo pensamiento social. Las mujeres que usan tanga son mujeres históricas (en sentido marxista): se reconocen parte de la sociedad y del mundo, y quieren cambiarlo mostrando el buen culo que tienen."