jueves, 9 de agosto de 2007

Incorporaciones (hagan el favor de leer el texto de abajo también).

El organismo es uno. Durante el tiempo vital le incorporamos elementos que modifican su funcionamiento. Algunos son tangibles: vitaminas, oxígeno, agua, grasas. Otros no tanto, aunque no por ello ejercen menor influencia: ideas, pensamiento, idiosincrasia, estilo, estética.

Ayer a la noche cené con Paula. Su belleza altiva, su boca de los mármoles, la perversa curvatura de sus labios. Durante la cena incorporé cuatrocientos centímetros cúbicos de Syrah. Quince minutos después incorporé café, chocolate, saliva, tres medidas de whisky, hielo derretido, apreciaciones sobre por qué el tintineo de los hielos sería digno de mención, un raspón en la pierna, saliva (deliberada) de Paula, tibieza rotunda, efluvios primaverales.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Viñetas de Rómulo Ornamenti.

Nota

Conozco a Rómulo hace muchos años y llegó el momento de mostrar al público algunos de sus escritos. A mi también me provocaron un poco de impresión.

AG.


Ingesta.

"No siempre es conveniente comerse a las mujeres y dejarlas en esqueleto, los esqueletos son previsiblemente muy huesudos y poco acogedores en épocas invernales. Es referible (y esto lo dicta la experiencia) comer pedazos de la mujer, una ingesta ahorrativa de los manjares y efluvios. Otras variantes son poco convenientes. Es cierto que todos prefieren comer hasta saciarse pero cuando aparece el esqueleto aparecen también las miradas hacia los costados, la duda de haberse excedido, y la obligación de dormir agarrado de los huesos."

Tala.

"Fui provocado por el invierno, quien me llevó a la ferretería con un hacha en la billetera, y una vez que sentí el peso y probé el poderoso vaivén de mi herramienta, salí a caminar por la calle con alegría de hacha. El primer policía me miró extrañado, y como no abundan leñeros en Belgrano, habrá imaginado algo para no tener que ir a hacerme la boleta por tala indiscriminada del arbolado público. Además, como no habría manera de insertar esa denuncia en las veloces computadoras del sistema policía, el oficial optó por verme maniobrar. Talé así el primer paraíso de la mañana, cuya leña gomosa trocé en cómodos tronquitos que cargué en mi carretilla de leñador de Belgrano.

Mayor fue la sorpresa del policía cuando volvió a verme, esta vez talando un gran eucaliptos (que dio mucho más trabajo que el árbol anterior), pero tampoco pudo decirme nada porque no sabría que anotar en su boleta. Yo lo miraba y hasta me devolvió la sonrisa. Pobre hombre, tendrá frío. Y así fue que talé todos los árboles de la calle Amenabar, que se quemaron en mi hogar para regocijo de mi gata."

domingo, 5 de agosto de 2007

Álvarez Gómez y el dilema de la Inspiración.

Puede resultar un poco sorpresivo que sea yo el que tome la palabra y me remita en este breve mensaje a su obra y su forma de sentarse frente a ella.

Álvarez Gómez, escritor y ensayista, amigo fiel y apasionado lector de los hechos de la vida. Faltaba más, ¿verdad?, que yo no lo presentara con alguna pompa después de haber sido homenajeado por él, uno de mis primeros lectores y difusores de mi poesía. Por si hace falta lo aclaro: soy Atilio, poeta de Tigre.

Sobre la inspiración puedo decir que uno de sus textos más lúcidos se llamó Tentativa de Texto Inspirado, que trataba de un texto complejo que se inspiraba a sí mismo, dando crecientes muestras de ello a lo largo de su evolución. Un texto novedoso que manifestaba su conciencia de estar inspirándose y creciendo, hasta desbordar de inspiración hacia el final. En ese caso, Álvarez Gómez intentó poner de manifiesto la irónica certeza de que algunos textos tiene un alma u otros no. Nunca dejó en claro si esa alma debía esperarse, o si podía aparecer durante el proceso de escritura. En todo caso, si así fuera, se trataría de textos hechos únicamente de forma (si es que esto fuera posible), despojados de quién sabe qué, y que algunos llaman interés dramático. Puedo asegurar que Álvarez Gómez nunca se sentaría a escribir sino se traía algo entre manos. Es este caso, traía la inquietud de la inspiración, idea que siempre lo perturbó.

Quisiera transcribir el manuscrito, pero el tiempo -que se lleva tantas cosas- aparentemente se llevó el cuaderno Gloria de 1971 en donde el texto se albergaba. Yo lo leí. Miraba el río.

miércoles, 1 de agosto de 2007

Atilio en la Asociación de Protección al Frenillo

Entre 1965 y 1973 Atilio participó de diversos ciclos de seminarios organizados por la Asociación de Protección al Frenillo, situada en Rivadavia al 1800. En calidad de expositor invitado, Atilio habló su poesía. El poeta de Tigre, conocido y aclamado por unos pocos, deleitó audiencias. Copio los fragmentos más destacados.

1965: “El frenillo en la historia.”

“Grandes hombres de la historia han pasado por el momento trágico en que sí, efectivamente esa sangre pertenece al hombre y no a la mujer. El frenillo se ha roto y esta vez, como una virginidad postergada, es e hombre el que pide un segundo (sea Julio César o Perón) para ir al baño y corroborar que tiene el miembro hecho un desastre, y que el frenillo (noble sostenedor del placer) se ha cortado. El dolor es intenso, sobre todo días después. La mujer, muchas veces comprensiva.”

1967: “Torturas Medievales y Frenillo.”

“Ejerciendo presión sobre los testículos, torturadores medievales mutilaban a los delincuentes cortándoles el frenillo justo antes de la noche de bodas, previendo arruinarle el matrimonio a los desconsolados malvivientes cuyas esposas, ante la apatía erótica, los abandonaban casi sin excepción.”

1968: “Morelia.”

“Mi intención es no dar nombres. Quedará en la penumbra de mi historia anónima el nombre de la mujer que una noche de noviembre, en pleno barrio de Tigre, toreó y toreó sin cariño con sus ancas encendidas, venciendo por primera y única vez al melancólico frenillo.”

1972: “Frenillo y Amor.”

“El desenfreno, la caricia y el amor. Eso lleva a largas noches en las que es impensado que el frenillo dure más de un mes. Yo lo llamo circunsición circunstancial, que además de ser cierto compone una bella aliteración.”

martes, 31 de julio de 2007

Técnicas de Exterminio.


Largas horas de oficina facilitaron el plan. No se trataba de un emprendimiento ético (no está bien matar gente, claro) pero eso parecía irrelevante.

El Oficinista lo comentó por lo bajo. La respuesta fue tan buena que entre cuatro o cinco decidieron ponerse en marcha. Lo primero fue alquilar el departamento. Almagro estaba bien por muchas razones: quedaba cerca de la oficina y quizá podrían alquilar una casona vieja con parque donde instalar la jaula. Lo segundo –y definitorio- era el león. O los leones, dependiendo del presupuesto. Al tratarse de un animal exótico, tuvieron que importarlo y llevarlo en remis desde el puerto de Buenos Aires, para no llamar la atención de la policía. Lo apodaron Gringo, por haberlo adquirido de un zoológico norteamericano que estaba en quiebra.

Consiguieron la casa. Era ideal: gran patio, tres cuartos grandes para los miembros del grupo, cocina y garage. La jaula la hizo un amigo del oficinista, herrero de oficio. Los días se dieron así: durante el día, la jornada normal de oficina; por la noche, el grupo de cuatro o cinco se reunía en el patio –era noviembre- a discutir ideas de cómo llevar adelante el exterminio.

Desfilaron diversas propuestas. La definitoria –y menos ortodoxa- la propuso el Oficinista. Entrarían la mañana siguiente al despacho del Jefe con una pregunta puntual, tomarían asiento dos de ellos (irían tres en total), y el último, parado detrás del Jefe, le provocaría asfixia momentánea con un paño mojado en alcohol.

Lo del alcohol funcionó bien. El problema –jamás considerado- fue el león. Esperaron a que recobrara la conciencia y tiraron al jefe adentro de la jaula, pero el Gringo no tenía hambre. Lo miró con desdén, un pobre humano asustado a los gritos. El Gringo suspiró –como suspiran los leones sin hambre- y se quedó dormido. Soñó con morirse mientras dormía en las Sierras de Tandil. El Jefe con los días dejó de gritar. No murió. Sus empleados lo alimentaban dos veces por día.

viernes, 27 de julio de 2007

Caca(s) de Paloma.

Tengo el recuerdo de haber publicado un texto que trazaba una analogía entre escribir y hacer soretes de paloma sobre estatuas. La analogía funcionaba bien: la escritura (cierto tipo de escritura) y la lámina de caca de paloma. Tengo otro recuerdo: una publicación de título “Texto en construcción” cuyo postulado consistía en enunciar líneas narrativas una después de la otra –sin hilvanación- y mostrar cómo de todas maneras el concepto podía transmitirse (aún en medio de ese caos).

Vuelvo sobre dos de mis textos porque no es para nada malo pensar que escribir es muchas veces una forma más sutil de la mierda. La conclusión es la siguiente: a veces (no siempre) es mejor que exista cierta fluidez, aún a riesgo de cagar como palomas. Otras es preferible la abstinencia –léase constipación- donde lo mejor es aguantar. Por lo que tener mierdas escritas puede ser extremadamente provechoso. Estas, sin embargo, son hipótesis, y no valen una mierda.

miércoles, 25 de julio de 2007

Panadería Histórica.

La particularidad de este establecimiento del barrio de Congreso –Rivadavia abunda en maravillas- consiste en ofrecer a sus clientes piezas históricas de panadería. Ante la evidente pregunta de cómo hacer para conservar las facturas históricas sin que estas se descompongan, su dueño –el Sr. Rolando- afirma que los estantes tienen un sistema de vacío que inhibe la pudrición de sus piezas.

Entre las piezas más significativas podemos encontrar cañoncitos democráticos, salidos del horno en 1983 con la vuelta de la democracia. En el estante de los noventa están exhibición varios ejemplares de vigilantes menemistas, que la gente compraba a granel con el dólar barato.

Rolando no alienta el consumo de los productos; los considera ante todo piezas históricas –de museo- que los interesados pueden coleccionar en sus hogares instalando el sistema de estantes al vacío que él mismo comercializa. Sostiene –y su argumento es interesante- que las facturas históricas son una marca de época de tanto valor como una pintura o una canción, y que deberían tenerse más en cuenta.

El establecimiento se llama Panes del Ayer; hasta dónde recuerdo quedaba en Rivadavia y Paraná.